Aporofobia digital en salud: cuando acceder a un derecho depende de saber navegar una plataforma

La digitalización sanitaria puede facilitar trámites, pero también dejar fuera a quienes no saben o no pueden usar sus herramientas.

Carito Ochoa 09 oct 2026 3 min de lectura
OpiniónVoces clínicasSalud digital
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la consulta con un profesional sanitario.
Aporofobia digital en salud: cuando acceder a un derecho depende de saber navegar una plataforma

Imagen editorial · PulsoSalud.

Una pantalla no garantiza un derecho

La digitalización de la sanidad promete reducir desplazamientos, simplificar trámites y facilitar la relación entre pacientes y profesionales. Hoy es posible solicitar citas, consultar informes clínicos o gestionar recetas electrónicas mediante dispositivos conectados a internet. Sin embargo, esta transformación plantea una pregunta que no siempre ocupa un lugar central en las políticas públicas: ¿qué ocurre con quienes no saben utilizar estas herramientas o carecen de los recursos necesarios para hacerlo?

En España, según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación en los Hogares de 2025 del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 96,3 % de las personas de 16 a 74 años utilizó internet en los tres meses anteriores; el 66,5 % disponía de competencias digitales básicas o superiores. Las cifras no miden específicamente dificultades sanitarias y excluyen a mayores de 74 años, pero ilustran la distancia entre conectividad y capacitación. Estar conectado no equivale necesariamente a poder gestionar una cita médica.

De la aporofobia a la exclusión sanitaria digital

La filósofa Adela Cortina desarrolló el concepto de aporofobia para explicar el rechazo hacia las personas pobres. A partir de esta reflexión propongo la Aporofobia Digital como categoría de análisis de cómo las desigualdades económicas, educativas y sociales pueden reproducirse o intensificarse mediante plataformas y servicios tecnológicos.

Una persona mayor puede tener un teléfono móvil y conexión, pero no comprender el procedimiento de identificación electrónica para solicitar una cita. Otra puede carecer de datos móviles suficientes o necesitar ayuda para descargar un resultado clínico. No toda dificultad informática constituye discriminación; sin embargo, si las barreras recaen desproporcionadamente en grupos vulnerables y faltan alternativas accesibles, el diseño digital puede agravar desigualdades preexistentes.

España: avances y límites de la digitalización

La receta electrónica, el intercambio de información clínica y las plataformas autonómicas de salud pueden mejorar la continuidad asistencial. El Barómetro Sanitario 2024 del Ministerio de Sanidad, difundido en 2025, informó de que el 40,1 % de las personas entrevistadas había accedido alguna vez a su historia clínica electrónica por internet. El dato no implica que el resto haya sufrido exclusión: algunas personas no lo necesitaron o prefirieron otros canales. La cuestión es identificar a quienes sí necesitan acceder y no pueden hacerlo.

El INE también informó en su encuesta TIC 2025 que el 97,4 % de los hogares de su ámbito estadístico disponía de acceso a internet mediante banda ancha fija o móvil. La infraestructura, por sí sola, no resuelve las dificultades de comprensión, accesibilidad y manejo de herramientas digitales. Saber utilizar mensajería no equivale a gestionar credenciales o interpretar información sanitaria.

Personas mayores, autonomía y apoyo

Las barreras digitales pueden afectar a personas mayores, pacientes con discapacidad, usuarios con baja alfabetización tecnológica o ciudadanos que atraviesan situaciones de enfermedad y sobrecarga familiar. No es correcto presumir incapacidad por razón de edad. Lo relevante es si el sistema admite experiencias y capacidades diferentes.

También existe una carga menos visible: familiares y cuidadores que terminan solicitando citas, descargando informes, administrando contraseñas y resolviendo errores de acceso. Estas tareas requieren tiempo y pueden comprometer la privacidad. El Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea reconoce protección especial a los datos relativos a la salud. El acompañamiento debería contar con mecanismos adecuados de autorización, no depender de compartir claves personales.

Humanizar la transformación digital

La respuesta no consiste en rechazar la innovación. Consiste en simplificar formularios, utilizar lenguaje claro, diseñar servicios accesibles, mantener canales presenciales y telefónicos para gestiones esenciales y evaluar los obstáculos que encuentran los pacientes reales. La alfabetización digital debe acompañar el cambio, pero no convertirse en una excusa para responsabilizar únicamente al ciudadano por un diseño difícil de utilizar.

La Estrategia Mundial sobre Salud Digital 2020-2025 de la Organización Mundial de la Salud sitúa la equidad y el acceso entre las consideraciones centrales de la transformación digital. La eficiencia administrativa necesita dialogar con la dignidad humana.

La Aporofobia Digital invita a observar una desigualdad menos visible: servicios formalmente disponibles que algunas personas no pueden utilizar en condiciones de autonomía. El progreso no consiste simplemente en trasladar la sanidad a una pantalla, sino en garantizar que nadie quede fuera de la atención por no saber utilizarla.

Sobre la autora

Carolina Pérez Ochoa (Carito Ochoa) es periodista y escritora colombiana con aproximadamente veinte años de trayectoria y más de mil columnas publicadas. Es creadora del concepto Aporofobia Digital y autora del libro homónimo.

— Carito Ochoa

Fuentes y referencias

Carito Ochoa

Autoría

Carito Ochoa

Carolina Pérez Ochoa (Carito Ochoa), periodista y escritora colombiana, creadora del concepto Aporofobia Digital.

Sección Voces clinicas.

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