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¡¡DESEO TODO!!

Deseando todo y a todos, amando todo y a todos, queriendo todo y a todos y gustando a todos sobre todo… ¿Esto es posible? En el hedonismo más absoluto quizás estos criterios sean posibles; sin embargo, esta maraña de ideas preconcebidas a través del nuevo concepto global más alin

Redacción PulsoSalud Noviembre 2025 4 min de lectura
Imagen editorial · PulsoSalud.

Miguel Ángel Sánchez De La Morena Del Olmo

Deseando todo y a todos, amando todo y a todos, queriendo todo y a todos y gustando a todos sobre todo… ¿Esto es posible? En el hedonismo más absoluto quizás estos criterios sean posibles; sin embargo, esta maraña de ideas preconcebidas a través del nuevo concepto global más alineado, derivado de las últimas estéticas más fértiles, alimentadas con sutiles y manipuladoras estrategias comerciales glamurosas, donde hay una estética común y subyacente de la atracción por la perfección.

En esta esfera distorsionada, hoy residen grandes masas de consumidores en una realidad paralela, que bien podría llamarse nuestros “avatares”. Aunque en un principio comenzó con las personas más jóvenes, ahora el “contagio” ha llegado a todas las generaciones conectadas a la gran vía digital, “la gran red”.

Solo una parte bien constituida, pero muy exigua y formada intelectualmente, es capaz de darse cuenta de este resurgir invisible, que bien se podría llamar “contagio universal”, dado que empezamos a hablar de muchos millones de personas ya “contagiadas”.

Esto puede parecer una reflexión distópica, lo cual no deja de ser una realidad muy preocupante, porque además estamos, digamos, en fases embrionarias del problema. Y la “cosa” va a ir a peor en un futuro muy cercano.

Desde todos los lugares del globo se han encendido las alarmas y esto parece que va a ser un lugar común. Se empieza a conocer la gravedad del asunto porque una parte importante de los profesionales más autorizados en la psicología evolutiva han alzado la voz, y comienzan a vislumbrarse algunos protocolos sobre esta cuestión, de esta nueva realidad, que bien podríamos llamar una especie de “Fata Morgana”, pues es lo más parecido metafóricamente hablando, puesto que se extiende muy sigilosamente.

¿Cuál es el problema al que nos enfrentamos? Pues tenemos un problema, o varios a la vez.

En primer lugar.

Estamos hablando de la arteria principal por donde circula toda la información, y por tanto la vía por donde se mueve todo. Cuestionarlo es absurdo, y es ahí donde radica el principal problema, pues por ahora no hemos sido capaces de crear alternativas, digamos, periféricas.

La facilidad con la que accedemos a estas autopistas digitales es tan rápida que es difícil “desengancharse”, y es aquí, y solo aquí, donde somos “infectados”. Hablo en sentido figurado, porque esta es la cuestión, este es el contagio del que hablo.

Aún estamos a tiempo, pues como digo nos encontramos en los primeros momentos de esta “grave situación”. ¿Por qué? Pues porque la adicción creada de dependencia es total.

En segundo lugar.

La manipulación a la que estamos siendo sometidos, sin ser conscientes, se nos presenta aterradora. No estoy exagerando: esto está provocando una alienación descomunal, pero inconsciente a la vez, sin ningún tipo de bagaje, de unas dimensiones que hasta ahora no somos capaces de dilucidar, pues nunca a lo largo de nuestra historia nos habíamos enfrentado a este paradigma.

En tercer lugar.

Lo grave del asunto es la factura tan alta que pagaremos en un futuro inmediato, pues esto no ha hecho más que comenzar. Por poner un ejemplo: rompemos con las tradiciones más arraigadas de nuestros deseos más innatos, como lo maravilloso que es jugar, también el poder tocar las cosas físicamente, acariciar a las personas, pelear con las cosas y, sobre todo, amar y sentir el placer de lo físico. ¡No renunciar a ser es capital!

Casos muy graves donde el onanismo más extremo se ha instaurado como algo normal en la gran mayoría de los “contagiados”. Por lo tanto, no estamos hablando de un asunto baladí. Estamos hablando de un cambio de arquetipos de unas dimensiones nunca vistas hasta ahora y, menos aún, verificadas.

Es el momento de comenzar a darnos cuenta de esta nueva realidad, pues como digo es el comienzo.

No quiero ni pensar en las futuras generaciones donde posiblemente los conceptos de valores constituidos por la propia naturaleza del ser y el entender que debemos, sobre todo, poder pensar por nosotros mismos, rescatar esa parte esencial nuestra, donde las ideas sean propias y libres, pero no aisladas de la colectividad, donde el sentido de prevalencia no se rompa, pero con la conciencia propia de lo que pensamos individualmente.

Hablo de la capacidad de poder elegir por nosotros mismos sin ese mantra ridículo a base del sonido de campanitas y vibraciones insistentes, que solo son producto del interés por parte de las grandes empresas, derivadas del consumo más ambicioso.

Solo imaginar que todo esto ya es una realidad es causa de una gran preocupación. Es motivo de que se enciendan todas las alarmas, porque esto está sucediendo y, lo más preocupante, ha sucedido sin darnos cuenta. Es una alerta que está comenzando a causar graves problemas cognitivos en muchas personas que son ya dependientes, llegando al extremo de recurrir a tratamientos psicológicos de gran calado sobre nuestras conductas de dependencia.

¿Soluciones? Siempre hay, pero una de las más efectivas es, sin lugar a dudas, la educación desde las edades más tempranas, en los colegios, las escuelas y en todos los lugares de responsabilidad, y sobre todo en los hogares donde haya compromiso por parte de los padres no “contagiados”.

Esta debería ser una de las acciones inmediatas, pues la situación, cada día que pasa, empeora un poco más. Ha llegado la hora de crear protocolos competentes en la materia, porque actuar es urgente. De lo contrario, llegará un momento en que no seamos capaces de atajar el problema existente, y no seremos capaces de interactuar personalmente con nadie, sino a través de los dispositivos que nos están creando, cada vez más sofisticados, cada vez más atractivos y mucho más glamurosos.

Y es aquí donde nos enfrentamos al enigma: llegará el momento en que todos hablemos de lo mismo, comamos de lo mismo y pensemos lo mismo…

¿Les suena esto que les cuento? De la IA, mejor ni hablamos.

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Redacción PulsoSalud

Sección Voces expertas — verificado por la redacción.

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